SEMANA SANTA CAÑÍ
La celebración de la Semana Santa como manifestación dramática de la pasión, con pasos de imaginería realista, donde los artesanos- artistas se esforzaban por expresar el dolor, la sangre, la humillación, la muerte, surge en los siglos XV, XVI y se desarrolla hasta nuestros días. Imágenes acompañada de penitentes o espectadores, esforzados en manifestar la adhesión y rechazo al crimen de los judíos. La Inquisición tuvo una gran influencia. Las expulsiones de árabes por puerto de Berbería y más tarde la expulsión de judíos, con la consecuente compra de bienes a bajo precio o confiscación de los mismos, obligó a los que prefirieron la conversión: marranos, demostrar públicamente su fe, pues estaban sometidos a la delación de sus vecinos al Santo Tribunal.
Hay teorías que afirman que la saeta deriva de música religiosa medieval que adoptan los conversos para demostrar públicamente su fe. Así va evolucionando a través de los siglos y arraiga en la idiosincrasia de un pueblo enamorado de lo tenebroso, voyeurs en los autos de fe, y en todo lo que huela a sangre, proclives a emocionarse hasta las trancas por el desvalimiento de la talla del Cristo de su cofradía pero inmunes a otros desamparos, más cercanos.
Con la llegada del seiscientos, la otra mitad de españolitos que no les mola una Calanda brutal y sanguinolenta, un Valladolid tristísimo y silencioso, o una Sevilla llorosa y vestida de luto riguroso, tomaron el camino de las playas e hicieron un canto al sol para celebrar la llegada de la primavera y desenterrar a don carnal.

